viernes, noviembre 27, 2020
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    Ney Díaz

    Texto: Luisa Blanco - Fotografías: Bryan Mena

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    Sus 12 preguntas

    Si pudiéramos mirar en su interior,  podemos decir, tal y como  él se define,  “que Ney Díaz es un ser en proceso continuo de introspección, intolerante con las manifestaciones de mediocridad, sensible al dolor ajeno, obsesionado con los detalles y con la aspiración constante de aportarle valor a otros”.  Este párrafo se queda corto para definir la grandeza de su corazón, su filosofía de vida y ese gran potencial como profesional y escritor, que pone de manifiesto en su primer libro “Las 12 preguntas”, compuesto por decenas de artículos, escritos, reflexiones y frases que escribió a lo largo de diez años.

    Esta publicación, más que un reportaje, quisiera denominarlo como un “taller” dedicado a todo el que quisiera emprender sus sueños y no descansar hasta verlos hechos realidad, o simplemente, para esa persona que sólo quiere que lo recuerden con un “buen ser humano”, que aportó su granito de arena para dejar este mundo mejor de lo que lo encontró.  Ney Díaz nos confiesa que la decisión de “emprender” surge a partir de tres fuentes. Y estas son siempre activadas por lo que él denomina el “momento catalizador”. Estas tres fuentes son: un ferviente deseo de crear, una fuerte motivación personal de ser dueño de tu propio destino y, por último, la detección de una necesidad insatisfecha, o lo que se denomina un “dolor”. El momento catalizador es cuando decides firmemente dar el primer paso. Su caso no es la excepción. A su regreso al país, luego de casi de tres años de estudios en el extranjero, se dio cuenta de lo difícil que le resultaba en ese momento, encontrar localmente una oferta de programas formativos especializados, que le permitieran seguir actualizándose con los mismos estándares educativos a los que había sido expuesto. Pero –según nos comenta- está seguro de que hubiese convivido con ese “dolor” y no hubiese hecho nada al respecto, si no hubiese sido por otros factores detonantes. El “momento catalizador” surge en julio del 1996. En esos momentos, estaba a ley de seis meses de casarse y con el gran agobio y preocupación de que “las cuentas no le cuadraban” para el gran compromiso que le esperaba por delante. Un día cualquiera, mientras buscaba algo,  encontró por accidente en una gaveta en la habitación de su madre, un paquete de diplomas, unos talonarios de facturas y un sello seco que pertenecían a una empresa de consultoría de Recursos Humanos que ella había cerrado unos cinco años atrás, y en la cual ella había organizado algunos cursos de capacitación. De la nada y como un rayo, le llegó a la mente un pensamiento: “¡Haz un seminario!”. Al día siguiente, llamé a un gran amigo que conocí en mis años de estudio en el extranjero, y quien era profesor, con la siguiente propuesta: “Si me

    va bien te pago “X”; si me va mal, me comprometo a cubrir absolutamente todos los gastos de tu visita”. “Está de más decir, continuó contándonos- que él no tenía ni con qué comprar su pasaje y lo hizo con mi única tarjeta de crédito… Gracias a Dios, él aceptó. Se empleó a fondo y en cuerpo y alma para que este evento fuese un éxito”. Con los ingresos de este evento, se sentaron las bases de su incursión en el mundo de la formación.

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    ¿Cómo definirías INTRAS?

    Como una “pequeña gran empresa”, cuyo propósito consiste en aportar al éxito de personas y organizaciones a través de servicios de capacitación especializada, sustentados en la enseñanza de herramientas concretas con aplicabilidad inmediata, la utilización de metodologías probadas de alta efectividad, la selección de los más destacados expertos en cada disciplina, y la oferta de los temas más vanguardistas y de mayor impacto en el mundo corporativo. Todas y cada una de nuestras ofertas formativas, son verdaderas sesiones de transmisión de “know-how” en las que los participantes adquieren los conceptos, herramientas y criterios necesarios para mejorar su desempeño profesional en sus lugares de trabajo, literalmente al día siguiente de terminada cada actividad formativa.

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    ¿Cuál ha sido uno de los momentos más satisfactorios que has tenido en el desempeño de tu trabajo?

    ¡Uff! ¡Han sido tantos!  Gracias a Dios… Pero pocos momentos se comparan con el instante en el que leí las evaluaciones al final de aquel primer seminario que realizamos y comprobé que había sido un éxito rotundo. Ese día, sellé de por vida mi convicción de que los logros son el resultado de hacer las cosas con pasión y enfoque.

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    ¿Qué consejo le darías a un emprendedor?

    Más que dar un consejo, quisiera aprovechar esta pregunta para contribuir a desmitificar el concepto de «emprendedor«. Lo primero, es que muchas personas asocian que el ser emprendedor es sinónimo de crear o montar un negocio. Para mí, esto no puede ser más distante de la realidad. Te aseguro que conozco decenas de personas con negocios propios, incluso muy prósperos, que no son emprendedores. De igual forma, conozco empleados que están todo el tiempo desarrollando proyectos, proponiendo ideas, actualizándose, asumiendo nuevos retos y asumiendo voluntariamente iniciativas. Para mí, estas personas son emprendedoras, aunque no tengan negocios propios. Ser un emprendedor, es más bien una actitud ante la vida y tiene que ver más con sentir incomodidad con el “statu quo”, con estar a todas horas pensando en nuevas ideas, con ver oportunidades donde otros ven solo problemas —o incluso no ven nada— y con tener el hábito de estarse saliendo constantemente de la zona de confort. Y claro está, tomar acción en función de todo lo anterior… Dicho esto, me atrevo a decir lo siguiente a todo aquel que quiere emprender: De la única forma que se fracasa 100% es haciendo nada. Dicho de otra forma: La única forma en que tienes cero probabilidades de lograr algo, es si no lo intentas.

    De estas dos frases “hay que hacer que las cosas sucedan” o “esperar a que sucedan”, ¿con cuál te quedas? ¿Por qué?

    Según mi parecer, nadie realmente espera que las cosas sucedan, pues nada en la vida se mueve solo o surge de la nada. Siempre hay alguien que las tiene que hacer. Lo que sí sucede, es que hay personas que por temor, inseguridad o simple desconocimiento, esperan a que sean otros los que hagan que las cosas sucedan. En otras palabras, en la vida hay espectadores y protagonistas. En mi libro, indico que existen cuatro tipos

    de personas en la humanidad: 1) Los que presencian la historia, 2) los que narran la historia, 3) los que analizan la historia y 4) los que hacen historia. Para mí, las personas que hacen que las cosas sucedan pertenecen al cuarto grupo y son las que mueven el mundo. Desde mi perspectiva, el crecimiento, la trascendencia, el progreso y el legado, están del otro lado de la zona de confort. No me gusta utilizar el verbo “tener” a la hora de hablar sobre salir de la zona de confort, pues esto suena a obligación o imposición. Prefiero utilizar el verbo “deber”, pues nos transfiere la responsabilidad a nosotros. Tal y como indico en el libro, nuestra principal razón de existir es dejar el mundo un poquito mejor de cómo lo encontramos. Si no, ¿para qué se nos ha dado este privilegio de estar vivos?  Pero esto no es fácil. Los seres vivos tendemos a aspirar a la estabilidad y a la seguridad, que son, desde el punto de vista biológico, las garantías de supervivencia, por lo que el querer cambiar, no es parte de nuestro ADN. Creo que esta frase, que me gusta mucho,  lo resume muy bien: “Las personas de éxito son seres humanos normales que en algún momento de su vida desarrollaron la capacidad de salirse continuamente de su zona de confort”. Pero esto requiere rigor y enfoque.

    ¿Cómo una persona puede superar «el miedo al miedo»?

    El miedo está estigmatizado como algo negativo. Sin embargo, para mí el miedo, en gran parte, es lo que nos ha permitido sobrevivir y prosperar como especie. Es lo que nos ha hecho ser precavidos, previsores y planificados. Gran parte de los avances de la humanidad, se deben a estos tres factores. Una persona que reprima el tener miedo es una persona que puede llegar a ser temeraria o incluso, en caso extremo, hasta podría ser un sociópata. Esto último, debido a que el respeto a las normas de conducta en sociedad, en cierta proporción se le atribuye a un temor a

    pagar las consecuencias. Al igual que con las otras emociones, debemos permitirnos sentir el miedo y fluir con él. Lo que no podemos permitir es que el miedo nos paralice, nos limite o incluso, nos hunda. Una vez escuché al conferencista Nick Vujicic, quien por un problema congénito nació sin piernas y brazos, decir que, en la vida, el tener permanentemente miedos y dudas es más inhabilitante que no tener brazos y piernas.

    ¿Qué significa ser exitoso?

    Esta es mi definición de éxito: «El éxito no es un lugar, una situación o una meta. Es sencillamente un estado mental o una sensación. Consiste en ser feliz en lo que haces, ser mejor cada vez en todas las facetas y tener balance en todos los roles que te toca desempeñar”. Una recomendación que siempre hago es ver al éxito (sea esto dinero, o reconocimiento, o realización, o simplemente cumplir tu misión personal) como el resultado de hacer algo con pasión y enfoque, jamás como un fin en sí mismo.  Según mi parecer, es preferible en lugar de hablar de «personas exitosas», referirnos a ellas como “personas de éxito”. Esto, porque algunas personas cuando hablan acerca del éxito, se refieren a éste en términos absolutos. La gran realidad, es que en el momento en que una persona interioriza que ha alcanzado el éxito total en la vida, corre el riesgo de caer en la complacencia y está a dos pasos de la mediocridad. De hecho, cada vez que lo recuerdo, acompaño la palabra «éxito» del adjetivo “relativo”, ya que entiendo que el éxito en la vida, siempre dependerá de con quiénes y en qué te compares. Por eso, para no caer en lo que denomino la “miopía del éxito”, debemos siempre fijarnos parámetros de comparación bien altos.

    ¿Cuál es el camino más seguro para llegar al éxito?

    Trabajar sobre tus hábitos. Los hábitos no implican esfuerzo, pues son parte de nuestra vida. Por lo tanto, en lo que debemos enfocarnos es en crear los hábitos de excelencia correctos. Esto puede implicar un poco de esfuerzo al principio, pero, una vez hemos desarrollado un hábito, la sensación de esfuerzo desaparece, pues pasa a ser parte de nuestra rutina. Contrario a lo que muchos creen, las personas de éxito no son necesariamente disciplinadas. El disciplinado requiere esfuerzo y sacrificio y puede resultar agotador estar todo el tiempo con esa sensación. Las personas de éxito, desarrollan hábitos de excelencia. Es decir, lo que hacen no les implica sufrimiento, pues lo han incorporado a su día a día.

    Has tenido la oportunidad de compartir con grandes maestros y mentes brillantes, ¿qué has aprendido de ellos?

    De todo y mucho. Siempre digo que obtener conocimiento sin aplicarlo y, sobre todo, sin ponerlo al servicio de los demás, es un acto egoísta que solo busca satisfacer el ego. Además, de nada sirve tener un mar de conocimiento, con apenas una pulgada de profundidad… Es por ello que tengo el hábito de tratar de extraer de cada encuentro, interacción, libro o conferencia, un sólo mensaje clave que pueda incorporar de por vida y que me ayudará al alcanzar el siguiente nivel. Y, sobre todo, lo comparto con la mayor cantidad de personas por diferentes vías. A pesar de este gran privilegio y honor y las enormes oportunidades de crecimiento que estas grandes figuras me han aportado, de quienes más he aprendido y he recibido inspiración en mi vida, es de personas normales, que conozco a través de la cotidianidad y que, a veces, con un gesto o unas simples palabras, me generan profundos aprendizajes y reflexiones. De hecho, muchas de las entradas de mi blog e historias del libro, están basadas en esos héroes anónimos.

    ¿Cuál ha sido tu mayor reto?

    ¡Uy! Han sido demasiados. Creo que tendríamos que hacer una entrevista solo para eso. Pero creo que mi mayor reto ha sido siempre el desafiar en múltiples ocasiones la “vocecita interna”. Esta “vocecita”, con la buena intención de protegernos y evitarnos dolor y estrés, a veces nos genera dudas y nos evita llegar a la mejor versión de nosotros mismos, o lograr cosas trascendentales. La gran realidad es que no hay logro meritorio sin esfuerzo. Y esto siempre implica el hacer sacrificios. Aconsejo escuchar la “vocecita” y prestarle la debida atención, sobre todo, cuando estamos en una situación de peligro o lidiando con personas. Pero no aconsejo escucharla de forma ortodoxa y sin cuestionamiento alguno.

    ¿Cuáles consideras son los principios de la excelencia?

    Tal y como indico en mi libro “Las 12 preguntas”, factores como la disciplina, la constancia, la obsesión con la excelencia y la devoción por servir, son aspectos tan medulares como el saber qué hacer y el cómo hacerlo. Por otro lado, existen rasgos de personalidad que, a mi parecer, debe aspirar tener toda persona que decide desarrollarse con la excelencia como norte. Estos son la perseverancia, la humildad, la coherencia, la ecuanimidad, la vocación de servicio, la integridad y, sobre todo, la austeridad. Si quieres principios concretos, te daré solo uno que lo resume todo: evitar con cuerpo y alma la mediocridad. Para mí, ser mediocre es no explotar al máximo tu potencial y no hacer las cosas al 100% de tu capacidad. Es decir, cada vez que haces algo a medias, estás siendo mediocre, independientemente de las excusas que tengas para no hacerlo bien.

    ¿Cómo evitar la mediocridad?

    Cada vez que hagas algo, debes quedar con la sensación de que diste todo, aún si los demás no lo notan, valoran o reconocen. La

    auto-justificación es la excusa que buscan los mediocres para convivir consigo mismos. Hay dos causas de la mediocridad que pasan más desapercibidas: la resignación y la complacencia. La resignación, es asumir que no vale la pena hacer nada en la vida, pues, hagas lo que hagas, no cambiarás tu situación. Esa es una excusa para no asumir la responsabilidad de mejorar tu situación. Con complacencia, me refiero a asumir que ya eres totalmente exitoso; es decir, pensar que ya llegaste en la vida a donde querías llegar.

    ¿Por qué decides titular tu primer libro “Las 12 preguntas”?

    A la hora de conceptualizarlo, el libro no se definió intencionalmente para que estuviese basado en preguntas, ni mucho menos que fuesen específicamente doce. Este libro en su esencia, está compuesto por decenas de artículos, escritos, reflexiones y frases que escribí a lo largo de diez años y los cuales en gran proporción, responden siempre a alguna experiencia personal, una situación por la que atravesé yo mismo o alguien cercano, a la observación de comportamientos de otras personas o, simplemente, a una reflexión inesperada y surgida de la nada a partir de algún hecho presenciado. Es apenas en el proceso de organización y armonización de todo ese contenido, que surgen, casi por generación espontánea, clusters o grupos de temas muy concretos y definidos, los cuales luego reforcé con notas e historias inéditas y contenidos adaptados de entradas previas de mi blog. El hecho de que estos temas o principios se enfocasen y manejasen como preguntas fue una decisión hecha ya bastante avanzado el libro. A medida que el libro iba tomando forma, más yo me convencía de que la mejor forma de sacarle provecho era plantear al lector que se cuestionara, en diferentes situaciones o en un momento concreto al principio o al final del día, si estaba viviendo y actuando de acuerdo con estos principios.

    ¿Por qué debemos leer este libro?

    Porque está escrito para todo aquel que aspire ser una mejor persona. Y solo en la medida que reflexionamos sobre nuestras acciones, —las buenas y las mejorables—, y evaluamos su impacto y oportunidades, es que podemos introducir mejoras en nuestra vida. Y es por ello, por lo que es muy importante lograr la disciplina y el rigor de crear esos momentos y espacios, donde evaluemos si estamos avanzando positivamente hacia ser mejores personas. Pero eso no se limita a evaluar nuestra vida como un todo. Esto lo debemos hacer cada vez que cometemos algún error, fallamos u obviamos algo. Incluso en los casos que acertamos, conviene reflexionar para ver qué patrones de comportamiento o actitud funcionaron en ese caso, para así replicarlos. Y esto que indico, no distingue ni edad, ni nivel educativo, ni estrato socioeconómico. Por ejemplo, he recibido retroalimentación positiva del libro de personas octogenarias, de adolescentes y de todas las edades en medio. Por suerte, todos han indicado que les ha aportado mucho valor.

    Ismael Cala en el prólogo de este libro afirma que el aprendizaje es infinito. ¿Qué opinas al respecto?

    El conocimiento es infinito y, por ende, el aprendizaje debe ser constante y continuo. A esto se suma el hecho de que en estos tiempos exponenciales, el conocimiento se torna obsoleto muy rápidamente. Y debemos contar, constantemente, con los medios y mecanismos para obtener nuevas ideas, enfoques y perspectivas innovadoras para afrontar exitosamente entornos de cambio.Desde la perspectiva del autoconocimiento, no puedo estar más de acuerdo con el planteamiento de Ismael. Los seres humanos somos seres en continua evolución y crecimiento. Y, para estos fines, el universo nos ofrece una fuente prácticamente inagotable de sabiduría. 

    ¿Cuál es el gran desafío de tener la responsabilidad de capacitar y actualizar un equipo de trabajo?

    La primera pregunta que debemos hacernos es si el capacitar a nuestros empleados es un deber. Y mi respuesta es un rotundo “sí”. El primer compromiso social de todo empresario, grande o pequeño, es velar por el desarrollo integral de las personas que le acompañan y, definitivamente, el componente de capacitación es parte medular de ese desarrollo. Además, existen muchos estudios que demuestran que hay una relación muy directa entre la capacitación y la motivación. Un empleado capacitado es un empleado comprometido, pues la empresa le está dando algo (el conocimiento) que, si bien le sirve para desempeñar su función actual, es algo que le acompañará toda la vida. La capacitación contínua les da una garantía a los empleados de que la empresa se está preocupando por ellos y su desarrollo, más allá de su función actual. Por otro lado, nosotros vivimos en una sociedad en la que por sus características socio-económicas es muy difícil que gran parte de la población tenga sus necesidades satisfechas totalmente, con sus niveles de ingresos, independientemente de cuáles sean. Eso lleva a preguntarse, ¿cómo puede mantenerse una empleomanía motivada en unas circunstancias así? La respuesta es: primero, haciéndoles sentir que son parte de una visión y de un propósito, y, segundo, con capacitación.

    En nuestro país, ¿las empresas invierten en la capacitación de su personal?

    Localmente, hay muchos casos exitosos de empresas que están apostando fuertemente a la formación de sus empleados. Sin embargo, algo que hay que tener en cuenta, es que la capacitación debe ser continua y parte de la estrategia misma de la empresa. Por eso, el director de recursos humanos debe ser parte del comité ejecutivo de la empresa, pues solo con un personal a la altura de las circunstancias, se logran los objetivos de la

    empresa. Y para esto, hay que seleccionarlos correctamente y formarlos. Salvo rarísimas excepciones, las empresas líderes a nivel local, en sus respectivos sectores son, a su vez, las que hacen una mayor inversión en capacitación por empleado como porcentaje de sus ventas.

    ¿Cuáles son los beneficios que puede tener una empresa en invertir en sus empleados para que sean más competitivos y capacitados?

    Hay dos motivos fundamentales: el primero, es un tema de pura supervivencia, pues la situación mundial actual, —de la que definitivamente no es ajena nuestro país—, hace que la competitividad y la eficiencia sean las más altas prioridades de las organizaciones. Por lo tanto, ahora más que nunca, es vital renovar constantemente los conocimientos, adquirir nuevas formas de enfocar los retos y, sobre todo, adoptar nuevos enfoques para potenciar nuestros negocios. Y esto se logra solo a través de la capacitación constante. El segundo motivo es que hoy en día no existe en el mundo una encuesta de clima laboral en la que no se evidencie una correlación directa entre la inversión en capacitación y satisfacción de los empleados. Inclusive, en la gran mayoría de los casos, la capacitación está valorada por encima de la remuneración económica. Es decir, que cada actividad formativa, incluso aunque sea técnica, cumple un doble fin: capacita y motiva. En resumen, un empleado capacitado es un empleado empoderado, un empleado empoderado es un empleado motivado y un empleado motivado es un empleado productivo.

    Muy personal…

    Eres un hombre rodeado por la sabiduría de tres mujeres que han marcado tu vida: tu madre Vicky, tu esposa, Rosalía y tu hija, Andrea. ¿Qué has aprendido de cada una de ellas?

    De mi madre, que las cosas se hacen bien o no se hacen. De mi esposa, la gran belleza que hay detrás de lo sencillo y de lo cotidiano, y de estar contentos y en armonía con la vida. De mi hija, las grandes ventajas de tener siempre una actitud positiva.

    ¿Qué opinas de la frase “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer”?

    Que en esta frase se debería reemplazar el adverbio “detrás” por “al lado” o incluso por “delante”.

    ¿A quién admiras?

    A todo el que trata de estar día tras día fuera de su zona de confort, dando su 100% en todo lo que hace y tratando de dejar, desde su realidad y circunstancias, un mundo mejor que como lo encontró. Como siempre digo, no vinimos de paseo al mundo. Vinimos a dejar un legado.

    Eres un voraz lector, ¿qué libro estás leyendo actualmente?

    Te confieso que no me considero un lector voraz. Me considero más bien un buscador selectivo de aprendizajes, información y conocimiento. Actualmente, leo una biografía de Churchill, quien es, por mucho margen, mi personaje histórico favorito.

    ¿Qué temática tendría tu próximo libro?

    Será un compendio cronológico de grandes vivencias y aprendizajes. Aclaro que no será autobiográfico, sino más bien anecdótico. Entiendo

    que aún no he acumulado ni remotamente los méritos suficientes para poder hablar de mi vida como una historia de éxito.

    ¿Cómo enfrentas las adversidades?

    Recordándome a mí mismo, mi propósito; poniendo en práctica todo lo que he aprendido de otros sobre la resiliencia y buscando inspiración en otras personas que han superado situaciones aún más adversas. En mi libro, planteo lo siguiente: “Si no aparecieran obstáculos, no sentiríamos la satisfacción de superarlos. Si no hubiera retos, no tendríamos la gratificación al conseguirlos. Si no surgiesen problemas, no tendríamos el alivio al resolverlos. Y si los obstáculos, los retos y los problemas no existiesen siempre, pues no habría crecimiento.” También en mi libro, indico que el crecimiento personal es como las ventas, las acciones de bolsa o, incluso, la mejora de la condición física. En el proceso, puede haber ligeras alzas y bajas, pero si la tendencia es positiva, vas por el camino correcto. Así que, es muy importante lograr la disciplina y el rigor de crear esos espacios para evaluar nuestra vida como un todo. Pero también lo debemos hacer cada vez que cometemos algún error, fallamos u obviamos algo. Incluso en los casos que acertamos, conviene reflexionar para ver qué patrones de comportamiento o actitud, funcionaron en ese caso para así replicarlos.

    ¿Cómo definirías este momento de tu vida?

    Con una extraña mezcla de realización y sana insatisfacción. Realizado, porque viendo en retrospectiva, creo que ha sido muy gratificante el recorrido hasta ahora. Sanamente insatisfecho porque siento profundamente que es mucho lo que me queda por hacer, aportar y lograr. Y el tiempo está corriendo.

    Confesiones…

    Mi familia ES… Mi razón de ser

    Mi palabra clave ES… “Resuelve”

    Tu mayor desafío ES… Ser siempre coherente y predicar con mi ejemplo

    Un recuerdo inolvidable ES… El nacimiento de mi hija

    Un libro que siempre consulto ES… “El arte de la prudencia” de Baltazar Gracián

    Una frase de batalla ES… “Vamos a lo que vinimos”

    SUMARIOS

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    “Los seres humanos somos seres en continua evolución y crecimiento. Y, para estos fines, el universo nos ofrece una fuente prácticamente inagotable de sabiduría”

    OTROS

    “La única forma que se fracasa 100% es haciendo nada. Dicho de otra forma, la única forma en que tienes cero probabilidades de lograr algo es si no lo intentas”

    “Desde mi perspectiva, el crecimiento, la trascendencia, el progreso y el legado están del otro lado de la zona de confort”

    “Nuestra principal razón de existir es dejar el mundo un poquito mejor de cómo lo encontramos. Si no, ¿para qué se nos ha dado este privilegio de estar vivos?”

    “Las personas de éxito son seres humanos normales que en algún momento de su vida desarrollaron la capacidad de salirse continuamente de su zona de confort”

    “Para mí el miedo en gran parte es lo que nos ha permitido sobrevivir y prosperar como especie”

    “La gran realidad es que en el momento en que una persona interioriza que ha alcanzado el éxito total en la vida corre el riesgo de caer en la complacencia y está a dos pasos de la mediocridad”

    “Las personas de éxito desarrollan hábitos de excelencia. Es decir, lo que hacen no les implica sufrimiento, pues lo han incorporado a su día a día”

    “De nada sirve tener un mar de conocimiento con apenas una pulgada de profundidad”

    “No hay logro meritorio sin esfuerzo”

    “Existen rasgos de personalidad que, a mi parecer, debe aspirar tener toda persona que decide desarrollarse con la excelencia como norte. Estos son la perseverancia, la humildad, la coherencia, la ecuanimidad, la vocación de servicio, la integridad y, sobre todo, la austeridad”

    “Para mí, ser mediocre es no explotar al máximo tu potencial y no hacer las cosas al 100% de tu capacidad”

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